Carta del Presidente de Bolivia, Evo Morales, con motivo de la
política de inmigración de la UE
Evo Morales
09-06-2008
Hasta finales de la Segunda Guerra
Mundial, Europa fue un continente de emigrantes. Decenas de millones
de Europeos partieron a las Américas para colonizar, escapar de las
hambrunas, las crisis financieras, las guerras o de los
totalitarismos europeos y de la persecución a minorías étnicas.
Reflexión del presidente de Bolivia, Evo Morales, acerca de
la política de inmigración europea.
Hoy, estoy siguiendo con preocupación el
proceso de la llamada "directiva retorno". El texto, validado el
pasado 5 de junio por los ministros del Interior de los 27 países de
la Unión Europea, tiene que ser votado el 18 de junio en el
Parlamento europeo. Siento que endurece de manera drástica las
condiciones de detención y expulsión a los migrantes indocumentados,
cualquiera sea su tiempo de permanencia en los países europeos, su
situación laboral, sus lazos familiares, su voluntad y sus logros de
integración.
A los países de América Latina y Norteamérica llegaron los Europeos,
masivamente, sin visas ni condiciones impuestas por las autoridades.
Fueron siempre bienvenidos, y lo siguen siendo, en nuestros países
del continente americano, que absorbieron entonces la miseria
económica europea y sus crisis políticas. Vinieron a nuestro
continente a explotar riquezas y a transferirlas a Europa, con un
altísimo costo para las poblaciones originales de América. Como en
el caso de nuestro Cerro Rico de Potosí y sus fabulosas minas de
plata que permitieron dar masa monetaria al continente europeo desde
el siglo XVI hasta el XIX. Las personas, los bienes y los derechos
de los migrantes europeos siempre fueron respetados.
Hoy, la Unión Europea es el principal destino de los migrantes del
mundo lo cual es consecuencia de su positiva imagen de espacio de
prosperidad y de libertades públicas. La inmensa mayoría de los
migrantes vienen a la UE para contribuir a esta prosperidad, no para
aprovecharse de ella. Ocupan los empleos de obras públicas,
construcción, en los servicios a la persona y hospitales, que no
pueden o no quieren ocupar los Europeos. Contribuyen al dinamismo
demográfico del continente europeo, a mantener la relación entre
activos e inactivos que vuelve posible sus generosos sistemas de
seguridad social y dinamizan el mercado interno y la cohesión
social. Los migrantes ofrecen una solución a los problemas
demográficos y financieros de la UE.
Para nosotros, nuestros emigrantes representan la ayuda al
desarrollo que los Europeos no nos dan - ya que pocos países
alcanzan realmente el mínimo objetivo del 0,7% de su PIB en la ayuda
al desarrollo. América Latina recibió, en 2006, 68.000 millones de
dólares de remesas, o sea más que el total de las inversiones
extranjeras en nuestros países. A nivel mundial alcanzan 300.000
millones de dólares, que superan a los 104.000 millones otorgados
por concepto de ayuda al desarrollo. Mi propio país, Bolivia,
recibió más del 10% del PIB en remesas (1.100 millones de dólares) o
un tercio de nuestras exportaciones anuales de gas natural.
Es decir que los flujos de migración son benéficos tanto para los
Europeos y de manera marginal para nosotros del Tercer Mundo ya que
también perdemos a contingentes que suman millones de nuestra mano
de obra calificada, en la que de una manera u otra nuestros Estados,
aunque pobres, han invertido recursos humanos y financieros.
Lamentablemente, el proyecto de "directiva retorno" complica
terriblemente esta realidad. Si concebimos que cada Estado o grupo
de Estados puede definir sus políticas migratorias en toda
soberanía, no podemos aceptar que los derechos fundamentales de las
personas sean denegados a nuestros compatriotas y hermanos
latinoamericanos. La "directiva retorno" preve la posibilidad de un
encarcelamiento de los migrantes indocumentados hasta 18 meses antes
de su expulsión - o "alejamiento", según el término de la directiva.
¡18 meses ! ¡ Sin juicio ni justicia ! Tal como está hoy el proyecto
de texto de la directiva viola claramante los artículos 2, 3, 5, 6,
7, 8 y 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de
1948.
En particular el artículo 13 de la Declaración reza:
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir
su residencia en el
territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país,
incluso del propio, y a regresar a
su país.
Y, lo peor de todo, existe la posibilidad de
encarcelar a madres de familia y menores de edad, sin tomar en
cuenta su situación familiar o escolar, en estos centros de
internamientos donde sabemos ocurren depresiones, huelgas de hambre,
suicidios. ¿Cómo podemos aceptar sin reaccionar que sean
concentrados en campos compatriotas y hermanos latinoamericanos
indocumentados, de los cuales la inmensa mayoría lleva años
trabajando e integrándose? ¿De qué lado está hoy el deber de
injerencia humanitaria ? ¿Dónde está la "libertad de circular", la
protección contra encarcelamientos arbitrarios?
Paralelamente, la Unión Europea trata de convencer a la Comunidad
Andina de las Naciones (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) de firmar
un "Acuerdo de Asociación" que incluye en su tercer pilar un Tratado
de Libre Comercio, de misma naturaleza y contenido que los que
imponen los Estados Unidos. Estamos bajo intensa presión de la
Comisión Europea para aceptar condiciones de profunda liberalización
para el comercio, los servicios financieros, propiedad intelectual o
nuestros servicios públicos. Además a título de la "protección
jurídica" se nos presiona por el proceso de nacionalización del
agua, el gas y telecomunicaciones realizados en el Día Mundial de
los Trabajadores. Pregunto, en ese caso ¿dónde está la "seguridad
jurídica" para nuestras mujeres, adolescentes, niños y trabajadores
que buscan mejores horizontes en Europa?
Promover la libertad de circulación de mercancías y finanzas,
mientras en frente vemos encarcelamiento sin juicio para nuestros
hermanos que trataron de circular libremente... Eso es negar los
fundamentos de la libertad y de los derechos democráticos.
Bajo estas condiciones, de aprobarse esta "directiva retorno",
estaríamos en la imposibilidad ética de profundizar las
negociaciones con la Unión Europea, y nos reservamos del derecho de
normar con los ciudadanos europeos las mismas obligaciones de visa
que nos imponen a los Bolivianos desde el primero de abril de 2007,
según el principio diplomático de reciprocidad. No lo hemos ejercido
hasta ahora, justamente por esperar buenas señales de la UE.
El mundo, sus continentes, sus océanos y sus polos conocen
importantes dificultades globales: el calentamiento global, la
contaminación, la desaparición lenta pero segura de recursos
energéticos y biodiversidad mientras aumenta el hambre y la pobreza
en todos los países, fragilizando nuestras sociedades. Hacer de los
migrantes, que sean documentados o no, los chivos expiatorios de
estos problemas globales, no es ninguna solución. No corresponde a
ninguna realidad. Los problemas de cohesión social que sufre Europa
no son culpa de los migrantes, sino el resultado del modelo de
desarrollo impuesto por el Norte, que destruye el planeta y
desmiembra las sociedades de los hombres.
A nombre del pueblo de Bolivia, de todos mis hermanos del continente
y regiones del mundo como el Maghreb y los países de África, hago un
llamado a la conciencia de los líderes y diputados europeos, de los
pueblos, ciudadanos y activistas de Europa, para que no se apruebe
el texto de la "directiva retorno". Tal cual la conocemos hoy, es
una directiva de la vergüenza. Llamo también a la Unión Europea a
elaborar, en los próximos meses, una política migratoria respetuosa
de los derechos humanos, que permita mantener este dinamismo
provechoso para ambos continentes y que repare de una vez por todas
la tremenda deuda histórica, económica y ecológica que tienen los
países de Europa con gran parte del Tercer Mundo, que cierre de una
vez las venas todavía abiertas de América latina. No pueden fallar
hoy en sus "políticas de integración" como han fracasado con su
supuesta "misión civilizatoria" del tiempo de las colonias.
Reciban todos ustedes, autoridades,
europarlamentarios, compañeras y compañeros saludos fraternales
desde Bolivia. Y en particular nuestra solidaridad a todos los
"clandestinos".
Evo Morales Ayma
Presidente de la República de Bolivia
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