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La medida de la Unión Europea desató la polémica
¿Se abrió la temporada para cazar inmigrantes?

 Por
Taiana González | Desde la Redacción de APM

El continente que históricamente mayor
cantidad de expulsados generó, hoy cierra herméticamente sus
fronteras y le niega a los desterrados del mundo pisar suelo europeo
en busca de nuevos horizontes.
En Europa pasan cosas raras. El pasado
parece estar pisado, en la actualidad -a través del proyecto
Directiva de Retorno- la Unión Europea (UE) busca expulsar o
encarcelar a los inmigrantes sin papeles, haciendo a un lado la
historia que los une, olvidando que muchos de los “ilegales” son
descendientes de ese continente que colonizó durante siglos.
Los 367 votantes que se expresaron a
favor de la “caza de inmigrantes”, parecen no recordar que durante
años, los europeos huyeron masivamente y encontraron refugio en
otros continentes, sin exigencia de visas ni condiciones impuestas
por las autoridades.
Olvidaron que tras la Primera y la
Segunda Guerra Mundial, millones fueron expulsados de su tierra y
que el resto de los continentes absorbieron la miseria económica
europea y sus crisis políticas. ¿Qué habría pasado si América Latina
hubiera adoptado esa directiva con los europeos que tuvieron que
salir forzosamente de su país?.
La política inmigratoria europea
establece que los inmigrantes indocumentados pueden ser retenidos en
cárceles, hasta un período máximo de 18 meses, mientras se tramita
su repatriación. Entre otro de los puntos destacados aparece el
hecho de que los expulsados -que inevitablemente van a quedar
estigmatizados como delincuentes internaciones- no podrán volver a
entrar en la UE en cinco años.
De esta manera se hace a un lado en forma
directa y sin la menor culpa el artículo 9 de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, adoptada en 1948 que establece
que “nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.”
Con la aplicación de esta medida, vuelve
a sobrevolar sobre el “primer mundo” la xenofobia, ya que la
Directiva de Retorno busca sacar del medio a todo aquel que por su
condición de “extranjero” no sea acoplado en el sistema.
Esta política ignora que gran parte de
los trabajadores de Europa son ilegales extranjeros y que aportan
mucho más –económicamente- al viejo continente, que lo que la UE
dice gastar en ellos.
La norma ya tiene el visto bueno de los
27 países que conforman la UE. Este proyecto se estima que va a
entrar en vigencia en el 2010 y va a perjudicar a más de 8 millones
de personas radicadas en Europa, ya que se van a violar los
principios elementales del Derecho Internacional, como son la
libertad a la movilidad y al desarrollo.
Como si fuera poco el accionar que los
gobiernos europeos se proponen para dentro de 2 años, hay que sumar
otro dato importante. Las principales víctimas son los menores de
edad, que podrán ser deportados a un tercer país, sin ser
acompañados por una persona mayor, familiar o tutor. Es decir que
van a ser echados del continente, solos y estigmatizados como
delincuentes.
En los últimos diez años, la inmigración
le permitió a muchos países -como el caso de España- compensar la
falta de mano de obra en trabajos que los europeos no estaban
dispuestos a realizar. Se estima que los “ilegales” le han aportado
al Estado español alrededor de 8.000 millones de euros anuales. Al
momento de emplear personas, poco parece importar su “condición”,
siempre que el resultado económico sea próspero y sigan actuando
como mano de obra barata.
Como era de esperar, los países
latinoamericanos recibieron muy mal el proyecto. De alguna manera es
morder la mano que en algún momento les dio de comer, ya que esta
región recibió a los pobres y desplazados europeos y los integró a
la sociedad, con los riesgos que eso implica.
Los países latinoamericanos alzaron sus
voces contra la ley propuesta por la Unión Europea. El presidente
venezolano Hugo Chávez alertó que el petróleo de su país no irá a
parar a los países que adopten la “directiva del bochorno”. Por su
parte el Senado de Uruguay, que también rechazó la norma del
Parlamento Europeo, anunció que llevará a las Naciones Unidas su
repudio e invitó a los gobiernos latinoamericanos a “tomar las
medidas correspondientes desde el punto de vista del derecho
internacional”.
Va a ser muy difícil y casi imposible que
los gobiernos que amenazan con romper lazos comerciales con la UE.
Pero de alguna manera la región debe encontrar la forma de hacer
sentir a los europeos su posición. Tal vez la solución más eficaz
sea pagar con la misma moneda.
El Mercado Común del Sur (Mercosur) y sus
países asociados, expresaron el repudio a la medida tomada por el
Parlamento Europeo, ya que la normativa migratoria por ellos
adoptada "rechaza el tratamiento de la irregularidad migratoria como
un hecho punible”.
La misma postura negativa hacia la
Directiva de Retorno, adoptó el Consejo Permanente de la
Organización de Estados Americanos (OEA), que para encontrar
solución al tema envió una delegación a la UE para “… buscar vías de
solución práctica que refuercen la solidaridad, el diálogo y se
corrijan algunas de las disposiciones", antes de la que normativa
entre en vigor en 2010.
La Directiva Retorno sin dudas es
xenófoba e injusta en sus planteos, pero no hay que negar que muchos
“huyen” del hambre y de la falta de medidas sociales por parte de
sus Estados. Es necesario remarcar que muchos de los gobiernos que
se “ofenden” por esta iniciativa, no ofrecen las soluciones
necesarias para contener a su gente.
A la hora de plantear la “Directiva de la
Vergüenza”, como muchos la han llamado, no se tiene en cuenta el
origen real de la migración. Esta ola migratoria, que hoy parece
afectar a Europa tiene que ver con el colonialismo que siempre
imperó, con las políticas económicas que el “primer mundo” propuso y
con las guerras que tantas veces apoyó.
Es necesario tener presente que muchas
transnacionales que se instalaron - gracias al neoliberalismo- en
África, Asia y América Latina son de capitales europeos. Esa
privatización de la economía, que además tuvo el apoyo de muchos
gobiernos, dejó a millones de personas desempleadas y en la ruina,
razón por la cual vieron en Europa el lugar ideal para salvarse de
la miseria.
Este proyecto europeo que pretende
repatriar forzosamente a los inmigrantes en situación irregular, es
un retroceso político, porque vuelve a resurgir (quizás nunca
desapareció) el fantasma del fascismo. Justamente en Europa, que
durante tanto tiempo se autoproclamo defensora de los derechos
democráticos y justicia social, la xenofobia parece volver a pisar
con fuerza.
"Si en determinado momento, una ley en la
Alemania nazi que excluía a una parte de los ciudadanos de los
derechos fue un baldón para Europa, aprobar hoy una legislación
especial que disminuye los derechos de inmigrantes en relación con
los ciudadanos es una vergüenza para la Europa del siglo XXI",
remarca el coordinador general de Izquierda Unida de España, Gaspar
Llamazares.
Si los millones de inmigrantes que
habitan suelo europeo en el 2010 son expulsados -tal como está
previsto- se violaría el artículo 13 de la Declaración de los
Derechos Humanos, que en su apartado número 1, autoriza a toda
persona a circular libremente y elegir su residencia en el
territorio de un Estado. El mismo artículo además establece que
“toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del
propio, y a regresar a su país".
Durante el nazismo, los judíos suponían
una amenaza porque “contaminaban” a la nación y la debilitaban. Hoy
para la UE los inmigrantes parecen ser los causantes de todos los
males que aquejan al continente, son el chivo expiatorio de los
problemas que se atraviesan en Europa.
Pero sin dudas, tal como afirman las
palabras del presidente de Bolivia, Evo Morales los problemas que en
Europa se están viviendo, nada tienen que ver con la presencia de
inmigrantes, sino que es “resultado del modelo de desarrollo
impuesto por el Norte, que destruye el planeta y desmiembra las
sociedades de los hombres”.
La revolución de los derechos humanos es
un fenómeno puramente europeo, que tiene sus orígenes en la
Revolución Francesa, pero qué va a pasar con ellos una vez que éste
proyecto de expulsión de los inmigrantes entre en ejecución: ¿dónde
van a quedar los principios de igualdad, fraternidad y libertad que
durante años enarbolaron orgullosos? El derecho y el sueño a una
vida mejor, que es lo que buscan estas personas en Europa, parece
que necesariamente debe pagarse con cárcel. |